—Por favor, devuélveme a mi hijo... —rogó Luna en el sueño.
Andrés la miró fijamente, con un gran destello de ferocidad en sus ojos. Le interrogó:
—¿Qué hijo?
—¡No! María, te lo ruego... haz que Andrés me devuelva a mi hijo, él está bien, mi hijo no puede estar muerto... —murmuró Luna, sumida en una gran tristeza.
¿María Rodríguez? Andrés frunció el ceño. Mientras se ocupaba de los asuntos de la nueva compañía, Andrés cuidaba esmeradamente de ella, que seguía inconsciente.
Cuando Isabel llegó, s