“Resulta que no es una persona tan horrible. Tiene una sonrisa bonita”, pensó Luna.
—No te preocupes, todo ha terminado. ¿Adónde ibas? Te puedo acompañar —la reconfortó el chico.
Luna se secó las lágrimas con la mano y respondió:
—No, gracias. De todos modos, mi chofer está por llegar.
El chico le regaló una sonrisa y dijo:
—No hay de qué. Puedo esperar un rato contigo. Eres estudiante de la Preparatoria Privada Aurora, ¿verdad?
Luna asintió levemente y contestó:
—Sí.
Uno de los guardaespaldas s