Sergio rodeaba a Daniela con el brazo mientras sostenía un bolígrafo en la otra mano. Observaba el problema con una expresión despreocupada y relajada. Dijo:
—Haz que se arrodille y los limpie.
Todos los demás en la habitación se reían y disfrutaban del espectáculo. Daniela se burlaba mientras levantaba el pie que había sido pisado. Ordenó:
—¿Qué diablos estás mirando? Arrodíllate y límpialos, ¿no entiendes?
—En… entiendo…
Nadia no era local, se había mudado del campo a la capital. Su familia ha