Andrés llevó rápidamente a Luna al hospital. Después de registrarse, la acompañó a la sala de emergencias. Pronto, ya eran las tres de la madrugada.
Después de que Luna comenzara a recibir suero, Andrés salió apresurado para contestar una llamada y todavía no había regresado. La enfermera le retiró la aguja de la mano y le advirtió:
—No comas comidas picantes en el futuro. Tu estómago tampoco tolera las comidas picantes.
—Entendido, gracias —le dijo Luna.
Andrés todavía no había regresado, por l