—¿Qué haces parada ahí? ¡Súbete a la motocicleta? —exclamó Sergio.
Luna apretó ligeramente los labios:
—Sergio, la verdad es que no tengo muchas ganas de salir.
—¿Acaso quieres ser una idiota aburrida? ¡Apúrate y súbete a la motocicleta, me estoy congelando! —urgió Sergio.
—Peor, ¿adónde vamos…?
—A un lugar bastante genial...
Finalmente, Luna se subió a la motocicleta. Nunca había estado en una motocicleta como aquella. Sergio se volteó y examinó su rostro, frunciendo el ceño. Luna se sintió des