—¡Andrés! —Luna levantó la mano con total indignación y la arrojó hacia su rostro, pero él ya esperaba y agarró firmemente su muñeca. El hombre se burló suavemente: —¡Me estás atacando de nuevo... qué diablos te crees!
Luna forcejeó para zafarse de su agarre y con gran determinación en la mirada dijo:
—No me rendiré ante ti. Haz lo que quieras. En el futuro... no te buscaré más.
Andrés pensó en lo ingenua que era, el único propósito de Andrés era verla sufrir, por completo siendo impotente en la