Luna agarró con gran fuerza la muñeca de Andrés, su voz sonando algo fría:
—Mejor regresemos pronto. Isabel todavía aún está en casa esperándote... También estoy cansada y quiero regresar a descansar.
En un instante, Andrés de repente sostuvo ambos lados de su rostro, inclinándose para susurrar en su oído como un verdadero demonio:
—Todavía eres muy joven, no sabes lo que es el amor. Si quieres enamorarte, no te lo impediré... puedo ayudarte a encontrar a alguien mejor.
Luna cerró con fuerza sus