Su mirada era tan agresiva como inocente, al punto que parecía que quisiera devorarla.
Luna se sentó al borde de la cama y desvió la mirada, sin atreverse a mirarlo. Respondió en voz baja:
—He crecido demasiado protegida desde que era una pequeña, así que mi mejor deseo es explorar el mundo por mí misma. Hermano… Lo siento, no volveré a hacerlo ni a tomar decisiones por mi cuenta.
Luna sabía que discutir con Andrés en este momento no sería la acción sabia. Además, él tenía ya veintiséis años y M