Al día siguiente, la fiebre de Luna no todavía no había disminuido, sino que aumentó aún más. Toda su frente y espalda estaban empapadas por completo de sudor. Estaba inconsciente y hablaba incoherencias. Si no fuera por la rápida intervención de la enfermera, probablemente habría caído en coma.
Álvaro, el asistente de Andrés, había contratado a una cuidadora especial, para que se ocupara de Luna; pero esta no llegó sino hasta el mediodía. Liora estaba muy preocupada y llegó temprano por la maña