«Es como si las paredes de esta casa supieran que él falta».
Jennifer se volvió hacia Carlos, con los ojos vencidos, enrojecidos de tanto llorar hasta que ya no podían producir más lágrimas. El sueño la había evitado como una enfermedad obstinada. Había faltado al trabajo. Ahora permanecía en el balcón, contemplando el verde interminable de la finca, preguntándose en qué momento él se había convertido en su vida, en qué instante su ausencia había aprendido a romperla con tanta rapidez.
Carlos m