Recostándose contra los altos almohadones de su cama, Lukas cerró los ojos y soltó un profundo suspiro.
Las últimas semanas habían sido una locura que lo había dejado completamente exhausto. Ingrid siempre estaba pegada a él, moviéndose a su alrededor con una falsa ternura que no lograba engañarlo. Sin embargo, a pesar de que él la había despachado en innumerables ocasiones —al punto en el que había perdido la cuenta—, no había logrado nada. Ella volvía. Siempre volvía.
Agotado, recordó la últi