La noche se sentía interminable para Katrine, a pesar de que apenas comenzaba. En el pequeño apartamento seguro, el tiempo parecía dilatarse. Había redactado y borrado el mensaje para Lukas unas diez veces, buscando, una y otra vez, las palabras correctas para explicarse, aunque no pudiera revelar la verdad. Finalmente, después de más de media hora, escribió un texto corto y directo.
«Lukas, lo siento. Me gustaría hablar contigo. Por favor, dime cuándo podemos vernos».
Acto seguido, le dio a en