La tenue y suave luz del amanecer se filtraba a través de las persianas torcidas del pequeño cuarto del hotel, mientras el hedor a humedad impregnaba aquel ambiente, y los colchones baratos parecían crujir bajo el peso de sus pensamientos. Katrine se encontraba sentada al borde de la cama, con la mirada perdida, mientras Sofie, a su lado, revisaba los papeles que su amiga había llevado consigo, tras marcharse de casa.
—Kat, tenemos que ir hoy mismo a la comisaría —repuso Sofie, sentándose frent