Al día siguiente, a las ocho de la mañana, Sofie se levantó, tras quedarse a dormir en casa de su mejor amiga, y se sentó frente a la mesa de la cocina. La laptop brillaba con una inquietante frialdad mientras movía el cursor por la página de empleos que había escogido revisar aquel día. Agradecía que el esposo de Katrine no hubiera aparecido, y esperaba que no lo hiciera, pues sabía que no le agradaría que estuviera allí.
Rápidamente, fijó la vista en la pantalla, la cual parecía reflejar frag