Narrador
Derek caminaba de un lado a otro dentro de la residencia, con el corazón latiéndole con fuerza y la mente hecha un torbellino. No sabía qué hacer ni qué pensar. La angustia lo estaba consumiendo. En un arranque de desesperación, pidió a uno de los guardias acceso a las cámaras internas. Él no tenía cámaras frontales ni exteriores, solo las del salón principal, aquellas que instaló para vigilar a sus hijos después de haber cambiado tantas niñeras en el pasado.
Fue entonces cuando lo vio