En Nueva Jersey, Acácia está en su casa, caminando de un lado a otro, muy ansiosa y nerviosa por toda la situación. No ve la hora de ver a Jack entrar por sus puertas para poder tenerlo a su lado. Pero parece que las horas no pasan y sus secuaces nunca llegan. Decide llamarlos para saber qué está pasando y si ya lograron hacer lo que les ordenó. Rápidamente, contestan el teléfono.
—Hola, jefa, no me diga que hay otro cambio de planes, ¡por Dios! No aguanto más escuchar esa palabra —dice el homb