Liz saluda a Luiza y a su cuñado, y pide a la empleada que los lleve al cuarto donde se quedarán y les muestre dónde estará el cuarto de los niños. Poco después, regresa a la entrada, pues Frida acaba de llegar. Está muy feliz de reencontrarse con su suegra, a quien tiene en gran estima, como si fuera su propia madre.
—¡Querida, qué placer verte de nuevo, y más ahora estando aquí en tu casa! Esto es maravilloso para nosotros, poder volver a Manhattan, es una de las mejores cosas que han pasado