—Amiga, ¿qué te pasa? Calma, respira hondo. Por favor, dime qué sientes para ver si puedo ayudarte. Deja que te traiga un vaso de agua —dice Eva, saliendo de la sala y regresando enseguida con el vaso en la mano, entregándoselo a Liz para que beba.
—No te preocupes, ya se me está pasando. Solo fue un malestar momentáneo —dice, llevándose la mano a la frente—. Mi vista se oscureció un poco, y sentí un poco de falta de aire. Creo que, en realidad, estoy trabajando demasiado y descansando muy poco