—No, Rebeca. De verdad, no lo haremos ahora.
Logra reaccionar del placer que ella provoca en él y sostiene sus caderas con fuerza para que no continúe moviéndose de esa forma tan peligrosa. Ella chasqueó con fastidio su lengua, se intenta bajar de él, pero no lo permite.
—No te enojes, sabes que soy el más ansioso por poseerte.
—Aja.
—En otro momento lo haremos, apenas Patricia se vaya me vas a tener que echar de tu cama.
—Bien, ya entendí— se baja de él y siente la humedad en su ropa inferior.