POV Mara
El ático está en absoluto silencio, pero es un silencio distinto al de hace unos meses. Ya no es el vacío aséptico de una sala de espera de lujo; es la calma tensa que deja una tormenta cuando acaba de pasar.
Son las once de la mañana. Leo duerme en mi pecho, sujeto por el fular de porteo, mientras yo camino descalza por el pasillo de madera. Llevo puesta la camisa blanca que Elías usó anoche (sí, se la he robado del cesto de la ropa sucia, y sí, sé que es un comportamiento patético, p