Después de una serie de desafíos, Leticia se encontraba roja como una rosa, cubierta de un suave sudor.
Esa mirada melancólica, fijada en Pedro, le hacía erizar el cuero cabelludo.
—¿Acaso es solo una pomada? ¿Por qué te miras como si hubieras sido insultada?
—¿Has visto suficiente? ¡Si has terminado, sal de aquí!
Leticia se cubrió el cuerpo con una sábana.
Su cintura delicada, complementada por unas caderas pronunciadas, dibujaba una curva sumamente encantadora.
—Toma esta pomada, aplícatela du