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—¡Eres un sinvergüenza! ¡Esto es el colmo! —Belinda, enfadada y agraviada, comenzó a llorar. Era hermosa y talentosa, y siempre había sido mimada por los demás. Donde quiera que iba, la gente solía ceder a sus caprichos.
Pero Pedro, lejos de mostrar la cortesía de un caballero, no solo no la respetaba, sino que además la humillaba en público. ¡Era completamente intolerable!
—Está bien, está bien, hermana menor, cálmate— intervino Gaspar al ver la situación empeorar. —Todos somos parte d