Dos días después, en la clínica Bueno y Feliz.
Leticia, quien había estado en coma, finalmente despertó con un débil susurro.
Lo que veía era una habitación muy sencilla.
Una mesa, dos sillas, y una cama adicional.
Le parecía familiar, como si hubiera estado allí antes.
—¿Has despertado?
En ese momento, Pedro entró de repente en la habitación.
En sus manos, llevaba un tazón de sopa.
Aunque muy simple, para Leticia, que había estado hambrienta durante dos días, era increíblemente tentadora.
Tanto