Pedro se tocó los labios, aún impregnados con el aroma de un beso reciente, y no pudo evitar sonrojarse.
—¿Acaso es apropiado comportarse así en pleno día? —dijo, mirando alrededor.
—¡Hmpf!
Un frío bufido resonó desde la entrada. Pedro levantó la vista y vislumbró una figura familiar alejándose con ira. Al subirse al coche, aceleró y desapareció de su campo de visión.
—¿Esa era Leticia? —Estrella preguntó, una sonrisa maliciosa cruzando su rostro.
—Parece que sí.
Pedro asintió, desconcertado.
—¿