Cuando Pedro regresó a la clínica Bueno y Feliz, descubrió un Bentley plateado estacionado en la entrada. Al entrar, lo que capturó su mirada fue un rostro divinamente hermoso. Una figura esbelta y una presencia seductora, adornada con una sonrisa que robaba el aliento; era, sin duda, una mujer excepcional.
—Señorita Estrella, ¿qué hace aquí?
Pedro se detuvo por un momento, un destello extraño brilló en el fondo de sus ojos. Aunque ya se conocían bien, cada encuentro con ella le proporcionaba un