Al ver que Estrella aceptaba tan rápidamente, una mueca se formó en la comisura de los labios de Rubén.
¿Tan decidida?
¿Ni un ápice de cortesía?
¿No debería haber declinado un poco?
—Por cierto, Rubén, tienes un ojo muy agudo. Tengo una joya que me gustaría que evaluases. —Estrella habló de nuevo tras recibir la aguja dorada.
—¿Ah, sí? ¿Qué es? Muéstramelo —respondió Rubén.
—Observa.
Estrella sacó una píldora verde.
Tomándola en sus manos, Rubén la examinó y asintió con satisfacción:
—Esta píld