Audrey guardó el móvil en su bolsillo con las manos temblorosas y Tony, que estaba organizando la mercancía en el aparador, se dio cuenta de su nerviosismo.
— ¿Qué sucede, Audrey querida? — preguntó en su habitual tono bonachón y acento del sur de Italia — ¡Estás temblando como una hoja! Ven, tómate un té de menta, y me dices lo que te pasa.
Le dijo en tono paternal, tomándola del brazo y llevándola a dentro a la cocina, en donde le sirvió una enorme taza de té con una rosquilla.
— Vamos, saca