Audrey abrió la boca para decir algo, pero luego volvió a cerrarla. Se quedó pensando por unos segundos en que Connor era como cualquier otro cliente, un idiota más que venía a tomarse un estúpido café, así que lo atendería como tal y se desharía de él lo más rápido que pudiera.
Preparó la greca y coló el café, el aroma inundó el pequeño lugar y a Connor se le hizo agua la boca mientras observaba sin decoro las caderas contoneantes de la rubia mientras se movía de un lado para el otro haciendo