Punto de vista de Adrian
Solía creer que el silencio era una forma de control.
Ver a Nadia durante los últimos días me enseñó cuán equivocada era esa creencia.
El silencio no siempre protege. A veces alimenta a las personas equivocadas.
Estaba solo en mi estudio, chaqueta aún puesta, luces bajas, la ciudad reflejándose débilmente contra el cristal. Mi teléfono yacía sobre el escritorio, boca abajo, vibrando intermitentemente con mensajes que no había contestado. Sabía de quién eran. No necesitaba leerlos para entender el cambio.
La gente estaba eligiendo bandos sin decirlo.
Damien siempre había entendido ese juego mejor que yo.
No empezamos como rivales. Esa era la mentira que a la gente le gustaba contar después, una vez que las líneas se dibujaban lo suficientemente limpias para explicarlas. La verdad era más desordenada. Él era mayor, más afilado, más ruidoso. Yo era más callado, paciente, siempre convencido de que los resultados importaban más que la teatralidad.
Durante mucho tie