Punto de vista de Nadia
No fui en busca de respuestas.
Eso fue lo extraño.
Después de todo —después de la distancia prudente, la silenciosa recalibración, la forma en que las habitaciones parecían cambiar de peso al entrar— ya no tenía hambre de secretos. No buscaba validación, ni pruebas, ni alguna revelación dramática que lo atara todo a una conclusión clara.
Lo que me encontró fue algo más sutil.
Un descuido.
El mensaje llegó a última hora de la tarde, entregado sin urgencia, sin amenaza. So