Punto de vista de Nadia
Mi nombre viajaba en susurros por salas de juntas y canales ocultos, a través de mensajes encriptados y copas de licor caro. Aún no era ruidoso. El ruido vendría después. Esta era la etapa peligrosa, donde la gente fingía calma mientras reposicionaba cuchillos.
Lo sentía en los huesos mientras el coche avanzaba por calles que no había recorrido en semanas. Cada semáforo en rojo se demoraba demasiado. Cada reflejo en las ventanas tintadas parecía una pregunta.
Adrian estaba a mi lado, en silencio, su presencia anclante e irritante al mismo tiempo. Había discutido contra que saliera de casa, especialmente esta noche. Especialmente después de la llamada.
"No necesitas ser vista", había dicho antes, de pie en mi puerta como un guardia que había olvidado que no era una prisionera. "La visibilidad es moneda ahora."
"Y esconderse es una admisión", había respondido, ya alcanzando mi abrigo. "No dejaré que decidan qué versión de mí existe."
No le había gustado eso. Pero