Punto de vista de Nadia
Podía sentirlo incluso antes de abrir los ojos. El aire estaba más apretado, como si algo invisible hubiera envuelto sus dedos alrededor del horizonte y estuviera esperando para apretar. Mi teléfono yacía boca abajo en la mesita de noche, deliberadamente ignorado, y aun así casi podía oírlo vibrar en anticipación, zumbando con información que quería ser conocida.
Me quedé quieta más tiempo del necesario, mirando el techo, contando las grietas finas que había memorizado durante noches sin dormir. Veintitrés. Igual que ayer. Igual que la noche anterior.
La consistencia era una mentira que nos contábamos para sobrevivir.
Cuando por fin me senté, la habitación se sintió más fría de lo que debería. El lado de la cama de Adrian estaba intacto —se había ido horas antes del amanecer, moviéndose en silencio como siempre hacía cuando pensaba que necesitaba descanso más que honestidad.
Se equivocaba en eso.
Me envolví en una bata y salí al pasillo. La casa estaba despiert