Mientras Valentina celebraba su nueva vida junto a Diego, su hermano gemelo Martín observaba desde la distancia con una mezcla de alegría y melancolía. Había regresado a Valmont para atender sus deberes como duque, pero algo en su interior no terminaba de encajar. El faro lo llamaba. La luz eterna lo llamaba. Y aunque había nacido para gobernar, sentía que su verdadero destino estaba en otro lugar.
Una noche, mientras paseaba por los jardines del palacio de Valmont, Martín se encontró con su ma