El invierno llegó al faro con su manto de niebla y sus días cortos. Nicolás, el patriarca de los Chestifer Dávila, había cumplido noventa y dos años. Su cuerpo ya no era el mismo que había desafiado tormentas y navegado mares, pero sus ojos seguían brillando con la misma luz que había guiado a su familia durante décadas.
Mariana sabía que el tiempo de su padre se acercaba. No era una certeza médica ni una premonición; era la sensación profunda que tienen los hijos cuando intuyen que el ciclo de