Pasaron quince años desde que Luz Marina partió hacia Valmont. Durante ese tiempo, el faro había seguido girando, las historias se habían multiplicado, y una nueva generación había crecido bajo la luz eterna. Mariana y Elías envejecieron con gracia, compartiendo su sabiduría con los jóvenes fareros que llegaban a la escuela.
Pero una tarde de primavera, cuando el mar brillaba como un espejo y las gaviotas trazaban círculos en el cielo, un coche negro se detuvo al pie del faro. De él bajó una mu