Veinte años después, el faro seguía girando, pero el mundo alrededor había cambiado. La familia Chestifer Dávila se había expandido, y su influencia ya no se limitaba a la costa del Atlántico. El legado de los nueve vasos había viajado más lejos de lo que nadie había imaginado.
Luz Marina regresó al faro después de una década en el extranjero. No volvió sola. A su lado, traía a un hombre alto, de cabello oscuro y ojos de un azul profundo, con un porte que solo podía describirse como aristocráti