Pasaron tres semanas desde el de la bodega. Tres semanas de silencio, de reconstrucción, de miradas que aprendían a confiar de nuevo. El faro había sido reparado, sus paredes de piedra limpiadas de hollín y sus estanterías repletas de libros nuevos. Pero lo más importante, las heridas comenzaban a cicatrizar.
Valentina se despertó aquella mañana con el sol acariciando su rostro y el sonido de las gaviotas cantando en el exterior. Nicolás dormía a su lado, con el brazo extendido sobre su cintur