Capítulo 118

Pasó un mes. Luego otro. El otoño se instaló en la costa con su manto de niebla y sus días menguantes. Las hojas de los cipreses del jardín se doraron y cayeron, y la mansión Rivas-Dávila, antes un mausoleo de secretos, comenzó a parecer una casa habitada.

La fundación se llamó Memoria y Mar. Un nombre sencillo, sin apellidos, sin glorias. La presentación oficial fue en el salón principal, la misma mesa de roble, pero ahora sin candelabros de plata y sin el peso de los contratos malditos. En su
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