El faro de Punta Brava se alzaba frente a ellos como un testigo mudo de los secretos que el viento salado no lograba arrastrar al mar. Clarissa sostenía el sobre con manos que apenas temblaban ahora. Lo había leído todo. Las fotografías borrosas, los recortes de periódico amarillentos, las cartas manuscritas que revelaban acuerdos entre apellidos que se creían intocables.
—Mi padre siempre dijo que el puerto era el orgullo de la familia —dijo ella, la voz ronca—. Que mi abuelo lo había constr