El camino de regreso a la mansión Thompson fue un trayecto tenso y cargado de un silencio insoportable.
Mariam iba sentada junto a la ventanilla, con la mirada perdida en la oscuridad de la noche que desfilaba al otro lado del cristal. Su expresión era seria, impasible, como si quisiera borrar todo lo ocurrido en las últimas horas.
A su lado, Demian mantenía la mandíbula apretada, una vena marcada en la sien, las manos cerradas en puños sobre las piernas. No había pronunciado una sola palabra d