Demian caminó entre la multitud de periodistas, sus rostros invadidos por la avidez del escándalo. Los flashes lo cegaban, las preguntas se lanzaban como piedras, rápidas, implacables:
—¿Es verdad que lo destituyeron?
—¿Qué tiene que decir sobre la traición de su esposa?
—¿El señor Rolando Thompson asumirá definitivamente la presidencia?
Pero Demian no respondió. Apretó los labios, mantuvo la mirada firme y siguió caminando. No iba a darles el gusto de verlo caer públicamente. Su tío había gana