Mariam caminaba de un lado al otro, nerviosa, intranquila, con el corazón golpeando fuerte en su pecho. La preocupación no le permitía pensar con claridad. Algo en su interior le decía que algo malo había sucedido.
Entonces, escuchó un ruido en el exterior. Se detuvo en seco.
Frunció el ceño.
—¿Qué fue eso?
Otro golpe. Esta vez más fuerte. Se acercó lentamente a la puerta, sintiendo un nudo en la garganta. Una sombra cayó del otro lado. Entonces, alguien golpeó la puerta con fuerza.
—¿Quién...?