El sonido del cierre de una maleta rompía el silencio de la habitación. Mariam doblaba su ropa con precisión, decidida a marcharse. No aceptaría ni una humillación más.
La puerta se abrió bruscamente. La señora Thompson, con su porte elegante y su rostro contraído por la ira, irrumpió en la habitación como una tormenta.
—¿Cómo te atreves a pedir el divorcio a mis espaldas? —espetó con voz contenida, aunque sus ojos delataban la furia.
Mariam no se giró. Terminó de colocar sus pertenencias y cer