La casa estaba en silencio, salvo por el suave murmullo del viento que colaba su lamento entre las cortinas del salón. La noche había caído, y la tenue luz de una lámpara vieja lanzaba sombras largas en las paredes. Mariam estaba de pie junto a la ventana, abrazando sus propios brazos, como si tratara de protegerse del frío... o de él.
Demian cruzó el umbral sin hacer ruido, cerrando la puerta con cuidado. La vio de espaldas, tan quieta, tan lejana, y por un instante sintió que volvería a perde