—¡No puedo creerlo! —digo mientras me recompongo—. ¿Cómo lograste llegar hasta aquí?
—Bueno, tuve que comprar un vuelo de último minuto extremadamente caro para poder acompañarte.
—Demonios, te quiero tanto, Chloe —admito, abrazándola de nuevo—. Perdón, he manchado tu camisa con mis lágrimas.
—No te preocupes, cariño.
—Chloe, querida —dice mi madre, acercándose a mi amiga para abrazarla.
—Feliz Navidad, Diane —responde ella.
—¡Chloe! —exclama mi tía con una gran sonrisa al verla.
—Hola, Maggie