—Estoy bien, creo que solo estoy un poco cansada —respondí con una sonrisa.
—Bueno, pronto estaremos en tu casa. Por cierto, Julie, lo que pasó en el despacho…
—Tranquilo, no pasa nada, solo nos dejamos llevar por el momento, no volverá a ocurrir —dije algo incómoda.
—¿Y si quiero que vuelva a ocurrir?
—¿Cómo dices? —lo miré con desconfianza, pero no contestó.
Llegamos a mi casa. Gérard estacionó el coche y se inclinó hacia mí, sus manos enmarcaron mi rostro, una sujetó mi barbilla, atrayéndome