Ramiro
—¡No puedo! —susurré, apretando los ojos con fuerza mientras las lágrimas comenzaban a deslizarse, haciendo que mi ya borrosa visión empeorara aún más.
Un ruido en el pasillo hizo que mi cuerpo entero se tensara.
Alguien venía.
—¡Diosito, no! —jadeé, mirando desesperadamente a mi alrededor.
Sin pensar, me arrodillé y me deslicé debajo de la cama, apenas cabiendo.
Los pasos se detuvieron justo en la puerta.
Mi respiración era tan rápida que por un momento temí que me descubrirían… o m