Ramiro
La figura de Camila destacaba en medio del salón, con ese vestido rojo que hacía que todo lo demás pareciera insignificante.
Y sin embargo, sabía que ella no estaba aquí para mí.
—¿Sigues mirándola como un perro hambriento? —me preguntó Socorro, su voz un murmullo cargado de veneno.
—¿Qué te importa? —respondí, con brusquedad.
"Ella no es una mujer, es una víbora venenosa de la que hay que cuidarse. Siempre mirando por encima del hombro y llena de envidia."
Socorro sonrió, pero había