Socorro
Avancé por los pasillos tratando de no mirar mucho a los pacientes que estaban en las habitaciones con las puertas abiertas.
Todo en este lugar era deprimente; la gentuza enferma, el olor a decadencia, a mediocridad. Sí, porque aquí solo hay vidas a medias...
Llegué a la habitación de mi madre y me detuve frente a la puerta, respirando hondo. Con calma, saqué mi espejo del bolso y eché un par de gotas en mis ojos hasta que lucieron llorosos e irritados.
Luego, tomé un pañuelo y me lo