Joaquín
Me pasé una mano por la cara, tratando de calmarme. Aunque era completamente inútil.
Felipe estaba a mi derecha, parado contra una pared. Camila a mi izquierda, con la mirada perdida en el suelo.
—Voy a comprar café, —dijo Felipe, rompiendo el silencio —. ¿Tres?
—Sí, —respondí en piloto automático, aunque el café era lo último que quería.
Camila solo asintió, y mi amigo desapareció por el pasillo.
El silencio entre nosotros se alargó.
Y aunque sentía su calor a mi lado, no sabía cómo